La casa segura olía a gardenia y a promesas por cumplir.
Isadora observó a través de la ventana cómo las primeras luces del amanecer teñían el horizonte de rosa y oro. Habían pasado horas desde el tiroteo en el almacén, horas que se habían consumido en declaraciones a las autoridades, en curar heridas menores, en asegurarse de que Marcos recibiera atención médica adecuada.
Pero ahora, finalmente, el silencio había descendido sobre la mansión.
Sofía dormía en una de las habitaciones de invitados