El SUV derrapó contra la acera mientras Isadora procesaba lo que acababa de ver.
—Eso es imposible. Marcos está aquí. Está...
Se giró hacia el asiento trasero.
Vacío.
La puerta del lado derecho, entreabierta.
—¿Cuándo bajó? —La voz de Dante cortó el silencio como un bisturí.
—No lo sé. —El Especialista ya estaba en su teléfono, ladrando órdenes—. En el estacionamiento, quizás. Estábamos concentrados en la extracción, él cubría la retaguardia.
La mente de Isadora funcionaba a velocidad de vértig