El silencio del salón era absoluto, denso como terciopelo negro.
Trescientos pares de ojos clavados en ella, esperando con la paciencia hambrienta de los buitres. Algunos con curiosidad genuina de inversores buscando la próxima oportunidad. Otros con hambre de escándalo que alimentara sus conversaciones de brunch durante semanas. Y unos pocos, muy pocos, con algo parecido a la esperanza de ver triunfar a alguien que se parecía a ellos antes de tener dinero.
Isadora encontró a Dante entre la mul