El baño de damas del Hotel Imperial olía a gardenias y a dinero antiguo, ese perfume particular de los espacios diseñados para impresionar incluso en los momentos más privados.
Isadora se apoyó contra el lavabo de mármol italiano, dejando que el agua fría corriera sobre sus muñecas mientras intentaba recuperar el control de su respiración. El espejo de marco dorado le devolvía la imagen de una mujer en guerra: el maquillaje impecable que Madame Dubois había supervisado personalmente, el vestido