El doctor Vargas tenía una planta en la esquina del consultorio.
Llevaba semanas sin ser regada.
Sebastián la miraba cada sesión desde el sillón gris, con la concentración específica de quien necesita un punto neutro donde posar los ojos mientras la cabeza procesa algo que todavía no quiere nombrarse en voz alta.
Seis meses.
Seis meses de sesiones semanales. De llegar puntual. De sentarse en el mismo sillón. De responder cada pregunta con la precisión de alguien que entiende perfectamente lo qu