La carta tardó tres días en escribirse.
No porque Valentina no supiera qué decir.
Lo sabía desde que leyó el correo de Rebeca por tercera vez. Lo sabía desde que cerró la laptop y fue a la sala y vio a Isabella construir la torre con los bloques y la dejó caer y volvió a construirla sin drama y sin pausa.
El problema no era el qué.
Era el cómo.
Una respuesta por correo electrónico tenía la inmediatez del medio. Llegaba rápido. Se leía en diagonal. Se archivaba o se eliminaba sin que el peso de