El peso de ser la hija de Valentina Duarte tenía forma.
Emma lo había descubierto no de golpe sino en capas, la manera en que la mayoría de las cosas importantes se descubren: primero un detalle, luego otro, luego el momento en que los detalles se conectan y uno entiende que estaban conectados desde el principio y que lo que ha estado viendo no era una serie de coincidencias sino el mismo patrón visto desde distintos ángulos.
El primer detalle fue en el colegio de intercambio de Polanco.
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