El correo de Sarah Morrison brillaba en mi pantalla como un grito de auxilio congelado.
"Un hombre ha estado fotografiando nuestra casa. Emma está asustada."
Mi hija estaba asustada. Una niña de siete años que debería estar preocupada por muñecos de nieve y tareas escolares, ahora vivía con miedo porque un monstruo de mi pasado había decidido usarla como arma.
—Tengo que llamarla —dije.
—Si llamas, Marcos lo sabrá —advirtió Carolina.
—Marcos ya sabe. Está terrorando a mi hija ahora mismo. No pu