El rostro de Emma me miraba desde la pantalla del teléfono. Siete años. Cabello oscuro como el mío. Sonrisa inocente mientras construía un muñeco de nieve en un jardín que debería haber sido seguro.
"Linda niña. Sería una pena que se perdiera."
Las palabras ardían en mi retina como hierro candente. Marcos no solo sabía de Emma. Tenía fotografías recientes. Sabía exactamente dónde vivía.
—Valentina. —La voz de Sebastián llegó distante, amortiguada por el rugido de sangre en mis oídos—. Déjame ve