El jueves amaneció con lluvia fina.
De la clase que no moja de golpe sino que se instala. Que convierte el asfalto en espejo y hace que la ciudad parezca más pequeña de lo que es.
Sebastián se anuló la corbata dos veces antes de dejársela puesta.
Valentina lo vio desde el umbral del baño sin decirle nada.
La tercera vez que se la ajustó, la dejó como estaba y se miró al espejo con la expresión de alguien que ya terminó de negociar consigo mismo.
—¿Listo? —dijo ella.
—No —dijo él.
Se giró.
—Vamo