La tercera partida empezó a las ocho y cuarenta.
No después de cenar.
Antes.
Emma había dicho que comía después. Sebastián había aceptado ese criterio sin cuestionarlo porque era también el criterio correcto: la tercera partida requería concentración completa y la concentración completa llegaba antes de que el cuerpo recordara que tenía hambre.
Valentina puso los platos a calentar.
El tablero en la mesa.
Las piezas en su lugar.
Emma del lado de las blancas.
Sebastián del lado de las negras.
Era