La cuenta llevaba dos años sin tocarse.
No era una cantidad pequeña.
Era lo que Eduardo Duarte había dejado en fideicomiso a Sebastián al margen del patrimonio compartido con Valentina: el dinero de las inversiones personales que Eduardo había construido durante los años en que Alejandro manejaba el negocio familiar y Eduardo manejaba lo suyo en silencio, con la discreción que tenían los hombres que sabían que su dinero era mejor que sus métodos.
Sebastián lo había recibido en el proceso suceso