El martes Sebastián leyó el discurso después de que las niñas durmieron.
No en el estudio.
En la sala, con la única lámpara encendida y el café que Valentina había dejado en la mesa antes de ir al dormitorio.
Valentina no estuvo presente.
Eso había sido decisión suya: la primera lectura de Sebastián necesitaba ocurrir sin que ella estuviera en la sala esperando la reacción. La espera de la reacción cambiaba la lectura. Sebastián leería diferente con ella ahí. Ella escucharía diferente estándolo