Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche en que la villa de la familia Hale ardió en llamas, una niña de seis años vio cómo su mundo se convertía en cenizas. Su madre murió frente a sus ojos. Su propio padre fue el asesino. Y su memoria… fue borrada. Pero el odio no desaparece. Solo espera. Dieciséis años después, la niña que una vez fue Aria Hale regresa al mundo convertida en Ariana Valmont, una mujer hermosa, fría y peligrosa. Entrenada para no inclinarse ante nadie, acepta un matrimonio con el heredero más poderoso de la élite para cumplir el último deseo de su abuela. Sin embargo, su esposo no la quiere. Damian Blackwood es arrogante, dominante y está acostumbrado a que el mundo entero se arrodille ante él. La abandona el día de su boda, la humilla frente a la alta sociedad y mantiene a otra mujer a su lado sin el menor remordimiento. Lo que él no sabe es que Ariana no busca amor. Busca poder. Busca respuestas. Y, sobre todo, busca venganza. Mientras la tensión entre ellos se transforma en una peligrosa atracción, el pasado comienza a despertar. La verdad enterrada bajo fuego y sangre amenaza con destruirlo todo. Porque el hombre que creyó haberla eliminado aquella noche… Vincent Laurent …jamás imaginó que la niña que intentó asesinarlo regresaría convertida en su peor pesadilla. Y ahora, la hija que abandonó ha vuelto. Mientras tanto, Victoria Laurent, la mujer que cree tener el corazón de Damian, no está dispuesta a perderlo ante la misteriosa esposa que apareció de la nada. Entre traiciones, escándalos, pasión y secretos familiares, solo una cosa es segura: Algunos matrimonios comienzan con promesas. Este comenzó con guerra.
Leer másEl hombre vestido con traje negro era extraordinariamente guapo. Su figura alta y esbelta parecía tallada con precisión, y su presencia dominante hizo que más de una persona en el salón contuviera la respiración. Sus rasgos eran perfectos, casi demasiado impecables para ser reales. El puente de su nariz era recto, sus labios firmes y su mirada profunda tenía un magnetismo difícil de ignorar. Cada uno de sus movimientos estaba lleno de elegancia natural y autoridad. Parecía un hombre nacido para estar por encima de todos. Y sin embargo… Era el mismo hombre que había abandonado a su esposa el día de su boda. Aquella noche había decidido aparecer ante todos como si nada hubiera ocurrido. A su lado caminaba una mujer deslumbrante. Vestía un vestido color lavanda con una larga cola que se deslizaba suavemente por el suelo de mármol. La tela brillaba bajo la luz de los candelabros como si estuviera hecha de niebla y seda. Su belleza era impactante. Su rostro ovalado, sus delicado
Ariana Valmont ignoró por completo todos aquellos artículos y rumores. Mientras la alta sociedad discutía su escándalo en cada mesa de té y en cada reunión privada, ella simplemente se encerró en la habitación que el ama de llaves había preparado para ella en la mansión Blackwood… y durmió plácidamente durante tres días seguidos. Parecía que nada en el mundo podía perturbar su tranquilidad. De no ser porque aquella noche se celebraba el banquete por el setenta cumpleaños del señor Blackwood, probablemente ni siquiera habría salido de la casa. Le costó bastante levantarse de la cama. Después de todo, el sueño era demasiado cómodo y la idea de enfrentarse a una sala llena de miradas curiosas no era particularmente atractiva. Aun así, finalmente se obligó a levantarse. Primero tomó una larga ducha caliente que despejó su mente. Luego eligió un vestido elegante, sencillo pero refinado, que resaltaba su figura esbelta y su porte natural. Con paciencia, arregló su cabello y aplicó
—Necesitas mirarte bien a ti misma —dijo con desprecio—. ¿Cómo te atreves a pensar que puedes entrar en mi habitación… y meterte en mi cama? Sus ojos se oscurecieron aún más mientras la observaba de arriba abajo, como si su presencia fuera una ofensa personal. —¿Y todavía quieres casarte conmigo tan descaradamente? —continuó con una sonrisa fría—. Te aseguro que si lo haces… haré que te arrepientas el resto de tu vida. Cada palabra fue pronunciada con una precisión calculada, afilada como una cuchilla. Sus frases caían una tras otra, destinadas a humillar y herir. Pero Ariana Valmont no era alguien que pudiera quebrarse con simples amenazas. Había sido entrenada para soportar cosas mucho peores que palabras crueles. Si alguien iba a salir herido de aquel enfrentamiento… no sería ella. Sus ojos se volvieron fríos. —Te dije que me soltaras —repitió con calma, aunque en su voz vibraba una advertencia peligrosa—. ¿Me escuchaste? Dejó la lata de Coca-Cola sobre el tocador con un
Vincent Laurent la ignoró por completo, como si los gritos y el dolor de la niña no significaran absolutamente nada. Giró la cabeza con calma y miró al hombre que estaba a su lado, un médico vestido con una bata blanca impecable. Su voz fue fría y distante, como si estuviera dando una simple orden de negocios. —Dr. Ziegler… inyéctele la droga que altera la memoria. Hizo una breve pausa, observando a la niña con una mirada completamente indiferente. —Después llévenla a algún lugar aislado y déjenla allí. Que se las arregle sola para sobrevivir. El médico dudó apenas un instante, pero al ver la expresión impenetrable de Vincent Laurent, asintió en silencio. Mientras tanto, Vincent se volvió hacia Rachel Lewis, que observaba la escena con una calma inquietante, como si todo aquello fuera perfectamente normal. Con una gentileza que contrastaba cruelmente con lo ocurrido, la ayudó a subir al coche negro que esperaba frente a la mansión en llamas. Sus manos protegieron con cuidado
Último capítulo