El libro llegó a las librerías un martes.
Valentina lo supo cuando Carolina le envió la foto.
Una librería del centro de la ciudad. El ejemplar en la mesa de novedades, con la portada hacia arriba, con su nombre. Solo su nombre. Sin subtítulo. Sin promesa de revelaciones. Solo Valentina, en letras que no pedían mucho y que por eso llegaban más lejos.
Lo miró durante tres segundos.
Guardó el teléfono.
Siguió con el presupuesto de la Fundación que tenía abierto en la pantalla.
La primera semana f