—Estoy seguro de haber estado en tu boda, Isabella. Seguiré estándolo, incluso ahora sabiendo que era una farsa —le había dicho su padre, Leonard, esa misma mañana.
—¿Aunque en verdad me iba a casar con un hombre que no me quería? —le preguntó ella con la voz quebrada.
—¡¿Que no te quería, niña?! ¿Cómo puedes decir una cosa así? ¿Cómo puedes siquiera pensarlo? —Leonard la miró con fijeza—. Escúchame bien: su boda pudo haber sido una farsa total ante los ojos de la prensa, ante el sacerdote e in