Capítulo 50

Leo Peterson la vio de pie en la entrada de la capilla y sintió que el mundo, tal como lo conocía, se resquebrajaba. Su corazón, ese motor de decisiones frías y cálculos precisos, comenzó a intentar escapar de su pecho para ir a buscarla, para envolverla y no soltarla jamás. Isabella estaba simplemente hermosa con su vestido de bodas. No era solo la seda o el velo; era la luz que emanaba, una mezcla de fragilidad y fuerza que lo desarmaba por completo. En ese preciso instante, mientras el sol d
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