Odiaba ser el centro de atención. Le aterraba la idea de tropezar con el largo vestido, de cometer algún error que avergonzara el apellido de los Peterson frente a toda la prensa internacional. Eso sería el colmo de su desgracia, la confirmación de que ella no pertenecía a ese Olimpo de mármol y oro.
Pensó en su madre. A pesar del desprecio que había recibido, la extrañó con un dolor punzante. Quiso llamarla, pero sabía que el silencio era la respuesta de su madre ante lo que consideraba una tr