Arianna
Cuando mis ojos vuelven a abrirse, golpeados por un rayo de sol, no sé si sentirme decepcionada, dolida o enojada; pero ya ni siquiera es con él, es conmigo misma por tropezar siempre con la misma piedra, por no terminar de entender que ya no tengo nada que buscar aquí, y la cama vacía es la prueba de ello.
Ya ni siquiera puedo llorar, aunque quiero. Creo que mis lágrimas se han secado. El dolor en mi pecho es tan profundo que me paraliza, dejándome en una especie de letargo del que ya