Enzo
Cierro los botones de la manga de mi saco y salgo de mi habitación. Me detengo ante su puerta y dudo si debería tocar. Todavía nos quedan unos minutos y no quiero molestarla. Sigo arrepintiéndome de lo que le dije hace un par de días; no sé por qué tengo que ser tan animal. Apenas me ha dirigido la palabra desde ese día.
Decido darle unos minutos más a solas y continúo hacia la sala para servirme un trago antes de irnos. Pasar más de veinte minutos encerrados en el auto, considerando cómo