Arianna
Me despierto con un leve hormigueo en el cuello y no necesito abrir los ojos para saber de quién se trata; su aroma lo delata.
—Tengo que irme —susurra en mi oído.
Me estiro y abro los ojos para encontrarme con los suyos. Tiene el cabello húmedo, lo que me indica que está recién bañado, y me lamento por no haberme unido a él.
—¿Por qué no me despertaste? —pregunto con un puchero.
—Ya te dije que te ves hermosa dormida —responde y me deja un beso en la frente—. Es temprano; sigue durmien