Arianna
Me daba vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. Desde que Bianca regresó a Chicago, no podía dejar de pensar en cómo sacarla de allí. Había pasado un mes; el tiempo se agotaba y no se me ocurría nada. Temía por la vida de Bianca, no solo por lo que Eduardo pudiera hacerle, sino también por lo que ella misma pudiera hacerse en un momento de desesperación. La verdad era que no la culpaba. En su lugar, yo también estaría desesperanzada. Debía de ser absolutamente repulsivo estar