Arianna
El aleteo en el estómago de Arianna le recordó todo lo que sentía por él, y se obligó a contener las palabras que no había vuelto a repetir y que, afortunadamente, estaba segura de que él no había escuchado.
—Aun así, te mereces un castigo —añadió Enzo y le dio un leve tirón de cabello—. Abre la boca —ordenó, y a Arianna no le costó nada obedecer.
Él sacó su miembro con algo de esfuerzo debido a lo erecto que estaba y lo introdujo en su boca sin preámbulos. Su sabor explotó en cada una