Arianna
—Ari, ya basta, y sal de esa cama. Cámbiate de ropa; vamos a cenar.
—No quiero cenar —me doy la vuelta otra vez para ignorarlo.
Él suspira y siento cuando se pone de pie.
—Arianna, hablo en serio, cámbiate de ropa.
—¡No, ya te dije! —elevo la voz y me incorporo—. No puedes obligarme. Además, ¿cuál es tu interés en que me cambie? Hemos cenado incluso desnudos.
—De acuerdo, si no quieres cambiarte, allá tú, pero que conste que te lo pedí.
Lo miro con el ceño fruncido, sin entender qué car