Arianna
—¿A qué te refieres exactamente? —inquirí con vacilación—. Te escuché esa noche, Enzo, la que se suponía que sería nuestra noche de bodas. Te escuché con esa mujer.
Enzo cerró los ojos y su rostro se contorsionó como si algo le doliera.
—Sí, esa noche me acosté con alguien más.
¿Cuántas heridas puede recibir un corazón antes de romperse por completo? No lo sabía, pero el mío estaba recibiendo demasiadas. No me estaba diciendo nada que yo no supiera ya, pero ¡maldición, cómo dolía!
—¿Qui