Las lágrimas le inundaron los ojos.
—Silvina, ¿qué hago? ¿Qué se supone que haga ahora? Yo no quería empujarlo a eso… ¿Por qué tuvo que hacerlo? ¿No entiende que, al dejar su familia, lo destrozarán? Con todo lo que ha luchado por mantener su posición, por proteger lo que es suyo… y ahora, todo… todo se ha ido.
Silvina suspiró suavemente.
Nunca habría imaginado aquello.
Santiago había tomado una decisión tan drástica, tan firme, que estaba dispuesto a renunciar a todo por amor.
Temía que