Mientras los cuatro disfrutaban de una cena tranquila y agradable, Silvina escuchaba cómo los tres hombres hablaban de negocios.
A esas alturas, Evelio y Santiago ya no la consideraban una extraña; hablaban con total naturalidad, incluso de temas confidenciales.
Silvina, sin embargo, no prestaba atención. Estaba demasiado concentrada en su comida como para interesarse por los asuntos de ellos.
Mientras la cena transcurría entre risas y conversación, en otro lugar alguien no podía probar bocado