De pie en la calle, Silvina miraba atónita el pollo chillón que sostenía en las manos.
¿Qué significaba esto?
¿Leonel la había traído con tanta prisa solo para comprarle… un pollo chillón?
¿En qué demonios estaba pensando?
Leonel caminaba delante, escribiéndole a Tomás sin parar:
[¿No dijiste que cuando uno compra regalos para una mujer, siempre se pone feliz? Entonces ¿por qué Silvina tiene esa cara de desconcierto?]
Tomás, que seguía a lo lejos, estuvo a punto de caer de rodillas cuando vio a