El amanecer llegó lentamente sobre Málaga.
La luz suave del sol comenzó a filtrarse por las cortinas del pequeño departamento, tiñendo la habitación con tonos dorados y cálidos. Afuera, la ciudad despertaba con tranquilidad: el murmullo distante de los primeros autos, el sonido de alguna puerta abriéndose en el edificio, y el aroma del pan recién horneado que llegaba desde una panadería cercana.
Dentro del dormitorio, Catalina dormía profundamente.
Su respiración era tranquila, pausada.
Una