La noche había caído con un aire pesado y húmedo sobre la Mansión Fort. Catalina estaba en su habitación, acomodada contra el respaldo de la cama, leyendo un libro que pretendía interesarle, pero su mente estaba en otra parte. Cada párrafo lo leía dos veces, quizá tres, sin lograr absorber absolutamente nada. No era el libro. Era Axel. Su esposo.
Era lo que había ocurrido entre ellos.
El recuerdo era incómodo, intenso, peligroso.
Y seguía allí, invadiéndole el pecho con un calor que no querí