La noche había caído con un aire pesado y húmedo sobre la Mansión Fort. Catalina estaba en su habitación, acomodada contra el respaldo de la cama, leyendo un libro que pretendía interesarle, pero su mente estaba en otra parte. Cada párrafo lo leía dos veces, quizá tres, sin lograr absorber absolutamente nada. No era el libro. Era Axel. Su esposo.
Era lo que había ocurrido entre ellos.
El recuerdo era incómodo, intenso, peligroso.
Y seguía allí, invadiéndole el pecho con un calor que no quería admitir.
El hombre había llegado, Marie se apresura en darle la bienvenida.
— Marie, informa a mi esposa que quiero hablar con ella, la espero en mi despacho.
— Sí señor. Voy a llamarla ahora mismo — Marie sube las escaleras y Axel se dirige a su despacho.
Catalina estaba cerrando los cuando el sonido suave de la puerta tocada por Marie la sacó de ese torbellino interior.
—Señorita Catalina —dijo la mujer con su tono amable—. El señor Axel desea verla. La espera en el despacho.
Catalina