Catalina se quedó apoyada en el marco de la ventana mientras observaba cómo el auto negro de Axel atravesaba la reja principal de la Villa. El motor se perdió a lo lejos, dejando atrás la estela de autoridad que siempre acompañaba al hombre. Solo cuando el vehículo desapareció, ella soltó un largo suspiro que llevaba reteniendo desde hacía minutos.
La habitación aún tenía impregnada la esencia masculina de Axel. La manta, el perfume en las sábanas, incluso el aire parecía pesado, cargado de lo