El amanecer había comenzado a filtrarse por la ventana cuando Axel abrió los ojos. La luz tenue dibujaba líneas doradas sobre la habitación, iluminando la silueta de Catalina a su lado. Ella seguía dormida, envuelta en las sábanas, respirando con suavidad. Pero aquella quietud no debía engañar a nadie: bajo esa apariencia frágil había una tormenta… una tormenta que Axel conocía muy bien porque lo estaba arrasando por dentro.
Se incorporó, apoyándose sobre un codo, y la observó durante un largo