Axel entrecerró los ojos mientras observaba a Andrea hecha un mar de lágrimas frente a él. Nunca la había visto tan descompuesta, ni siquiera en los peores momentos del pasado. La mujer sollozaba con el rostro hundido entre sus manos, los hombros temblorosos, incapaz de articular una frase sin que su respiración se entrecortara.
—Andrea —la voz de Axel salió más firme de lo que esperaba—, necesitas calmarte un poco.
Ella levantó la vista. Sus ojos estaban hinchados, rojos, su maquillaje corrido. Pero aun en ese estado su mirada buscaba la de Axel como si él fuera la única tabla de salvación en medio del naufragio.
—No puedo... —logró decir con la voz quebrada—. No puedo, Axel. Ella era mi hermana del alma... mi única familia, hemos formado una gran amistad. Yo… yo no puedo soportarlo.
Se llevó una mano al pecho, dramática, como si realmente fuera a desplomarse en cualquier momento. Axel suspiró. No era indiferente al dolor ajeno, pese a lo que muchos creían de él. La muerte siempre tr