— Quiero dormir contigo — el anuncio vino cargado de una voz ronca, Catalina observa a Axel y por un instante ella se pierde en los ojos grises de él, la mujer traga saliva porque ella sabe que la respuesta debería de ser no, más, esa negativa está atorado en su garganta.
— ¡Axel! — murmuró ella con la voz temblorosa y el hombre ya estaba nuevamente por delante de ella, la cercanía de su esposo era un torbellino, y mientras sus labios y reconocen el sabor, Catalina fue envuelta por el encanto que emana su esposo y posteriormente la habitación de ella les da la bienvenida, la misma tenia un ambiente entre tensión y deseo. Y ya no era necesario expresar palabra alguna cuando Axel lentamente la despoja de sus prendas.
Fueron caricias silenciosos, como dos corrientes que se reconocen por intuición más que por destino. El aire parecía tensarse alrededor de ellos, no por un sentimiento nombrable, sino por esa vibración que ocurre cuando algo, simplemente, se aproxima a su propia posibilidad