La habitación estaba sumida en una penumbra espesa, apenas iluminada por la tenue luz nocturna que se filtraba entre las cortinas. Axel permaneció inmóvil por unos segundos, respirando con fuerza, sintiendo aún el calor del cuerpo de Catalina bajo sus manos. El silencio que los envolvió no fue un silencio cualquiera: era uno cargado, pesado, casi insoportable. Uno que gritaba lo que ninguno de los dos sabía cómo decir.
Axel se apartó lentamente de ella, su respiración irregular se fue estabili