El amanecer se filtraba a través de los amplios ventanales de la Villa, extendiendo un resplandor tenue sobre el comedor. La luz grisácea anunciaba un día que apenas despertaba, pero el ambiente ya estaba cargado de tensión. Axel había bajado temprano. Sentado en la cabecera, con la espalda recta y la expresión severa de siempre, hojeaba algunos documentos mientras terminaba su café negro.
Catalina descendió las escaleras minutos después. Su paso era firme, aunque sus ojos revelaban cansancio