Dante quitó el seguro de su arma, con el cañón aún presionando la frente de Fiorella. Su mirada ardía con una furia contenida, cada músculo de su cuerpo estaba tenso, dispuesto a disparar en cualquier momento, si ella no abría la boca en ese momento.
—Habla —ordenó Dante con su voz baja y amenazante.
Fiorella lo miró con una mezcla de desafío y súplica, su respiración acelerada mientras la presión del arma le dejaba una marca roja en la piel.
—Soy tu aliada, Dante. No entiendo por qué me tratas