Aurora movía su cabeza una y otra vez, lentamente, como si quisiera sacudirse las palabras que acababa de escuchar.
Antonio hablaba por teléfono en la sala contigua, su voz amortiguada por la pared, pero lo suficientemente clara para que ella comprendiera. Decía cosas horribles: de como mataría al doctor Villarreal, y por supuesto, que con un poco más de medicación estaría completamente moldeada a su voluntad.
Aurora se llevó ambas manos a la boca, intentando ahogar el sollozo que le nacía de