Cristales reventando, casquillos cayendo como lluvia, gritos de heridos y el bramido de Dante
Quien subió las escaleras como una bestia desatada al ver que Antonio salió corriendo. Cada paso que daba era una amenaza para el mundo. En el pasillo del segundo piso, más enemigos lo esperaban. No importaba. Ninguno tenía la rabia, el dolor ni la determinación que él llevaba dentro. Ninguno pensaba en Aurora.
Una bala le rozó el brazo izquierdo. No se detuvo, disparó a ciegas y acertó. Otro hombre ca