Francesco se puso de pie al verla. Sus ojos, gastados por los años y las batallas, se iluminaron como si ante él estuviera un milagro largamente esperado. Sus labios temblaron ligeramente mientras extendía los brazos.
—Mi niña… —murmuró con un nudo en la garganta—. Por fin estás de nuevo a mi lado.
Aurora, movida por un impulso infantil que aún latía en su corazón, corrió los pocos pasos que los separaban y se lanzó a abrazarlo.
Cerró los ojos por un instante, recordando tiempos más simples, d