Alonzo se llevó las manos a la cabeza, sintiendo que el mundo se le venía abajo. Al ver que Dante descendía por las escaleras con pasos firmes. El rostro endurecido de su hermano contrastaba con la desesperación que brotaba en cada gesto de Alonzo. Cuando Dante llegó al último escalón, se detuvo en seco al ver la expresión de angustia de su mejor amigo.
—¿Qué mierda sucede, Alonzo? —exigió saber, con la mandíbula apretada.
Alonzo bajó las manos, respirando con dificultad.
—Lo siento, hermano. T