Vittorio Rossi corría con furia desatada hacia la entrada principal de la bodega, Fiorella era una estúpida por meterse en sus asuntos. Sus pisadas resonaban con fuerza en el pavimento húmedo mientras la luz de la luna apenas iluminaba su silueta oscura e imponente.
Vittorio Rossi apretó los dientes al ver a lo lejos el brillo de los faros de un auto encendiéndose.
Al llegar, vio a Fiorella cerrando de golpe seco la puerta trasera del auto rojo, Alonzo aún inconsciente, estaba dentro, apunto de