144. Revelaciones
El gel está frío sobre mi piel estirada, pero la mano de Max, aferrada a la mía con una fuerza que me corta la circulación, arde.
Estamos en la semana veintiocho. Mi barriga ya no es una curva discreta; es un planeta propio que orbita alrededor de nuestras vidas. El monitor cardíaco llena la habitación con ese sonido de galope rápido que se ha convertido en mi música favorita. Tu-tum, tu-tum, tu-tum.
—Muy bien —dice la doctora, moviendo el transductor con paciencia—. Hoy el inquilino parece esta