143. Casa Sobre Escombros
AMALIA
La noche no fue un descanso, fue una sentencia. Cada minuto de silencio en esa casa inmensa era una confirmación auditiva de que lo estoy perdiendo. Cuando por fin amaneció y abrí los ojos, el lado de la cama de Diego ya era un desierto frío. Se había ido sin despedirse, escapando de nuestras sábanas como si yo fuera la escena de un crimen que no soporta mirar.
El pánico me cierra la garganta. Necesito una brújula antes de estrellarme contra el muro de la realidad.
Conduzco hacia la mansi