145. La Dosis Prohibida
CAMILA
La pantalla del móvil se funde a negro y me devuelve mi propio reflejo: una mujer con los ojos hinchados, el rímel corrido formando mapas de dolor en las mejillas y una mentira atragantada en la garganta.
"No quiero saber".
Es la mentira más sucia que me he dicho jamás. Porque la verdad —la vergonzosa, adictiva y patética verdad— es que me muero por saber. Mi cerebro es un adicto en plena abstinencia que rasguña las paredes del cráneo buscando una dosis de él. Solo una. Aunque esté cortad