8. Entre Paredes y Sombras
La excitación que había sentido al salir del evento se evaporó en el silencio del auto. Max no había dicho una palabra desde que cerramos las puertas. Ni siquiera me miró cuando el chofer arrancó. Pero su mano encontró la mía sobre el asiento, y la sujetó con una presión que no era caricia ni amenaza, sino algo intermedio. Posesión disfrazada de cercanía.
Afuera, las luces de la ciudad parpadeaban. Farolas que se deslizaban como sombras borrosas. Pero dentro del auto, el silencio era tan denso q