7. El Club de los Depredadores
La música del cuarteto de cuerdas llenaba el salón del Club Empresarial. Max había insistido en que asistiera. No como invitada. Como prueba viviente de que los Undurraga sabían reparar lo que se rompía.
—Necesito que todos vean que hemos superado nuestras diferencias —había dicho esa mañana mientras me tendía el vestido negro—. Que somos más fuertes que antes.
Mentira. Éramos más frágiles que un castillo de naipes en medio de un huracán.
Me moví entre los invitados con el vestido ajustándose a