68. La Primera Grieta
El amanecer se filtró a través de las persianas de la habitación de papá, iluminando su rostro tranquilo con tonos dorados. Me enderecé en la silla con cuidado, sintiendo la rigidez en mi cuello y espalda protestar. Mi cuerpo se quejaba por haber dormitado en esa posición incómoda durante horas, pero mi mente estaba más clara que nunca.
El mensaje de Camila había llegado exactamente cuando lo esperaba: "Tengo información sobre el médico. Nos vemos en una hora en la cafetería de la clínica."
Una