La noche había caído con un silencio extraño, demasiado denso para ser natural. El aire olía a tormenta, a hierro y a sangre que aún no había sido derramada. Isabella lo presentía en sus huesos; algo estaba a punto de suceder, algo que cambiaría todo.
De pronto, el silbido cortante de una flecha rompió el aire. Dante apenas tuvo tiempo de girarse antes de que el proyectil se clavara en su costado. Su aullido desgarró la oscuridad. La madera tembló al incrustarse en su carne, pero lo más devastad