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Los días pasaron mientras Sofía continuaba viéndose a escondidas con Hugo cada vez que iba al centro comercial. Había demostrado ser muy buena para escabullirse sin que Alex, su guardaespaldas, se diera cuenta de nada. Después de cada encuentro, regresaba como si nada hubiera pasado, esperando la llegada de su esposo.
Fernando siempre aparecía con algún obsequio: joyas, flores o pequeños detalles, como si quisiera aliviar las tensiones después de un largo día de trabajo. Era atento, amable y la